Introducción
Pensiones públicas: la esclavitud de nuestra época es un libro de Gregorio Hernández que invita a mirar con otros ojos una realidad que, lejos de perder actualidad, la gana cada año que pasa: el sistema público de pensiones, tal y como está diseñado hoy, no es sostenible en el tiempo.
Con la claridad y la solidez argumentativa que caracterizan a Gregorio Hernández, el libro plantea una tesis provocadora pero documentada: el actual sistema público de pensiones sigue el esquema típico de un esquema piramidal, con el agravante de que la participación en él no es voluntaria, sino obligatoria para toda la población activa.
Se trata de una lectura breve pero densa en argumentos, pensada para provocar la reflexión del lector sobre un tema que le afecta de manera directa, sea cual sea su edad o su situación laboral. Después de leer este libro, es probable que la percepción sobre el llamado Estado del Bienestar cambie de forma notable.
Datos del libro
- Páginas: 92
- Edita: Gregorio Hernández Jiménez
- Año de publicación: 2014
- Autor: Gregorio Hernández
Reseña del editor
El problema real de las pensiones públicas no es si algún día, dentro de unas décadas, dejarán de pagarse totalmente o no. El problema real de las pensiones públicas es que ya llevan décadas destrozando la vida a toda la población: pensionistas y no pensionistas, viejos y jóvenes, empleados y empresarios, parados y estudiantes.
El actual sistema público de pensiones detrae una gran parte del dinero total que gana cada trabajador en activo (incluyendo la parte que aporta la empresa, que al fin y al cabo es parte del sueldo, aunque el trabajador nunca llegue a verla) bajo la promesa de que, cuando ese trabajador se jubile, los gobiernos que en ese momento estén en el poder detraerán a su vez una gran parte del sueldo, durante toda su vida laboral (que nadie sabe hoy hasta cuándo se prolongará), a personas que en la actualidad ni siquiera han nacido. Resulta evidente que, moralmente, nadie tiene derecho a contraer este tipo de obligaciones en nombre de otra persona, ni siquiera antes de su nacimiento, y mucho menos en nombre de millones de personas.
Índice del libro
- El principal objetivo de las pensiones públicas es evitar que los ciudadanos sean libres e independientes
- ¿Es posible que todo el mundo, pero todo el mundo, consiga tener un patrimonio digno?
- Cómo sería el mundo si nunca hubiera existido la estafa piramidal de las pensiones públicas
- ¿Por qué antes de que existiesen las pensiones públicas la gente no tenía mucho dinero al jubilarse?
- Las cotizaciones sociales destruyen riqueza y empleo
- Por qué los empleados no pagan directamente las cuotas de la Seguridad Social
- La jubilación no debería ser una etapa de escasez sino de abundancia
- El dinero de las pensiones no genera riqueza porque no se invierte, y eso es nefasto para toda la población
- Los Estados no tienen ningún compromiso respecto a las pensiones públicas
- El hecho de que existan las pensiones máximas ya es señal de que es una estafa
- Cómo bajan continuamente las pensiones a los nuevos jubilados
- La edad de jubilación la debe decidir cada ciudadano, no el Estado
- Cómo humilla el Estado a los jubilados actuales, considerándoles un «gasto»
- El sistema público de pensiones es una amenaza muy seria para la libertad y la democracia
- Los planes de pensiones privados no son la solución
- La solución es una cuenta individual que permita invertir en cualquier cosa
- Cómo hacer la transición de la estafa piramidal actual a un sistema de capitalización
- ¿Y si nos empeñamos en mantener la estafa piramidal actual de las pensiones públicas contra viento y marea?
- ¿Cómo nos defendemos de esta estafa piramidal?
- ¿Por qué no se habla de todo esto en los grandes medios de comunicación?
- Excusas habituales para defender el mantenimiento de la actual estafa piramidal y seguir sometiendo a la población:
- «Habría gente que no ahorraría»
- «Yo no quiero invertir en bolsa, porque es muy peligrosa»
- «El sistema es viable si la productividad aumenta más de lo que se reduce la relación entre cotizantes y pensionistas»
- «Con las cotizaciones a la Seguridad Social no sólo tenemos las pensiones, sino también la sanidad pública»
- «Es lógico que las viudas cobren la mitad, porque necesitan menos dinero para vivir»
- «No se puede dejar tirados a los más desamparados»
- «Al principio funcionaba, pero no se ha gestionado bien»
- «Las pensiones públicas son vitalicias»
- «Es un sistema solidario»
- «Protege a los más pobres»
- «El sistema actual, de momento, funciona»
- «Los sistemas de capitalización son demasiado bonitos para ser ciertos»
- «Lo que pagas a la Seguridad Social es como un bono»
Reseña personal
«Un trabajador que depende del Gobierno para su retiro será más obediente y servil ante ese Gobierno» (Otto von Bismarck)
Esta cita de Bismarck, con la que arranca el libro, resume bien el hilo argumental que Gregorio Hernández desarrolla a lo largo de sus páginas: según el autor, el actual sistema de pensiones tiene como efecto someter a gran parte de la población de forma permanente, generándole todo tipo de penurias económicas y haciendo a los pensionistas dependientes de las decisiones de los poderes políticos de cada momento.
La actualidad, según defiende el libro, no hace sino confirmar esta tesis: trabajadores que han cotizado durante décadas, aportando grandes cantidades de dinero al Estado, se encuentran en los últimos años de su vida dependiendo de que el Gobierno de turno les suba la pensión unos pocos euros o céntimos.
Uno de los argumentos más llamativos del libro es el siguiente: si todo lo aportado por el trabajador a lo largo de su vida laboral (tanto lo que paga directamente como lo que aporta la empresa en su nombre) se hubiese invertido en lugar de destinarse al sistema público, el resultado sería una renta mensual de varios miles de euros y un patrimonio considerable al llegar a la jubilación.
La razón por la que los empleados no pagan directamente todo el dinero que el Estado les obliga a aportar a este sistema es, según el autor, evitar que la mayoría de la población perciba con claridad cuánto está aportando, de modo que el sistema pueda mantenerse el mayor tiempo posible.
Con un sistema de capitalización individual, argumenta Hernández, el trabajador podría disfrutar de los rendimientos de su propia inversión al jubilarse, además de contar con un patrimonio del que podrían beneficiarse sus familiares o herederos. Con el sistema público de reparto, en cambio, se aporta mucho durante toda una vida laboral y se recibe relativamente poco a cambio. El motivo, según el autor, queda explicado con claridad:
El objetivo principal de las pensiones públicas es mantener a la mayor parte de la población en un estado de pobreza o semipobreza que la haga depender totalmente de las decisiones de la clase política.
El libro añade un matiz especialmente inquietante: el Estado no solo pagaría, según esta tesis, pensiones reducidas, sino que legalmente no existe ningún compromiso firme de pago cuando un trabajador se jubila.
En definitiva, se trata de un libro valiente, que aborda sin complejos un problema económico de primer orden y que invita al lector a cuestionar ideas asumidas durante generaciones sobre el Estado del Bienestar. Una lectura recomendable para cualquier persona que cotice, trabaje o vaya a jubilarse algún día, es decir, prácticamente para toda la población activa.
